SAMIRA
Algo rompió la extensión verde. Con el corazón acelerado, guié a Rosel hacia la marca en el horizonte. Segundos antes de que ya no pudiera dar vuelta, vi que era una cerca. Una enorme cerca de hierro negro que se extendía por millas.
No, tiene que haber una salida alrededor.
Caine gritó de nuevo; estaba mucho más cerca. Desesperada, forcé a la yegua a seguir sin detenerse, pegada a la cerca. Cuanto más temblaba mi cuerpo con cada zancada de Rosel, más profundo se hundía la realización de