Liora regresó la noche siguiente con el cuerpo ya vibrando de anticipación. Su coño todavía estaba tierno por la profunda follada y la negación de la sesión anterior, pero ya estaba empapada antes de llegar a la puerta.
El Amo Elias la estaba esperando.
Vestía una camisa de vestir negra con las mangas remangadas, revelando unos antebrazos fibrosos. Su presencia llenaba la habitación con una silenciosa autoridad.
—De rodillas —ordenó en el momento en que ella entró.
Liora cayó con gracia, abrien