Liora todavía llevaba el dulce dolor de la suspensión de la noche anterior cuando entró en la suite del Maestro Elías la tercera noche. Sus pezones estaban tiernos, su coño aún sensible, pero en el momento en que cruzó el umbral, una humedad fresca cubrió sus muslos. Elias se quedó esperando, vestido con una camisa negra con los primeros botones desabrochados. Su mirada se oscureció en el instante en que la vio. "Desnúdate y arrodíllate", ordenó. Liora obedeció rápidamente, doblando cuidadosame