Narrado por Sergio
La primera vez que vi la entrevista de Sylvia estampada en todos los sitios y blogs, la sangre me hirvió. La forma venenosa en que escupía mentiras, en cómo reducía a Hellen a una caricatura de “carita joven y ambiciosa”, fue como una cuchilla atravesando mi piel. No por mí —yo ya estaba acostumbrado a vivir entre odio y adoración—. Pero porque ella, Hellen, no merecía cargar con ese peso.
Tomé el teléfono. No dudé. Llamé al responsable de ese maldito blog que había viralizad