(Sergio narrando)
Alrededor de las tres de la madrugada, sentí a Hellen moverse a mi lado. Despertó lentamente y yo, que en realidad solo dormitaba, observé cada microexpresión en su rostro bajo la débil luz de la lámpara. Un pequeño estremecimiento, un suspiro casi inaudible. Estaba dolorida.
Y yo sabía por qué. Porque me di cuenta, mientras hacía el amor con Hellen, de que hacía mucho tiempo que ella no tenía sexo con nadie. Ese pensamiento, lejos de preocuparme, hizo que una ola de pura pose