(Sergio narrando)
Las palabras de Hellen me golpearon como un puñetazo en el estómago. Yo, que siempre supe imponerme ante cualquier situación, me vi completamente desarmado. Vi aquel cuerpo frágil ceder delante de mis ojos, como si el peso del dolor fuera demasiado grande para soportarlo. Ella se arrodilló en el suelo, el rostro escondido entre las manos, y empezó a llorar todo lo que no había chorado en el cementerio.
No conseguí quedarme quieto. Cada sollozo de ella atravesaba mi pecho como