Su rostro se sonroja un poco más de ser posible y sonrío, acercando mi boca a la suya y volviendo a tomar posesión de ella, besándola demandante, con todo ese fuego doloroso y delicioso que me recorre por todo el cuerpo y late desesperadamente en mi interior y entre nosotros.
La beso hasta arrebatarle el aliento y dejo una estela de besos que van desde la comisura de sus labios, por su mejilla, hasta culminar en su cuello, donde beso, chupo y mordisqueo, saboreando su dulzura y embriagándome co