En cuanto el responsable pronunció aquellas palabras, el estuche cayó de la mano de Miguel. El anillo salió despedido, rodó por el suelo y terminó junto a la punta de su zapato. La sonrisa de Matías también se congeló.
—¿Qué acaba de decir?
El hombre se asustó al ver la expresión de Miguel y le entregó enseguida la tableta.
—Poco después de las cuatro de la madrugada, la señorita Montes llamó personalmente para cancelar todos los servicios: el banquete del hotel, la decoración, la fotografía, el