Nicolás valoraba mucho esta amistad, pero también amaba profundamente a Daniela y al niño; ellos eran su línea roja que no podía cruzarse.
Por eso le suplicaba a Fidel que no tuviera siempre prejuicios contra Daniela, y mucho menos que hiciera algo que pudiera lastimar a la madre e hijo.
De lo contrario, su amistad terminaría.
Fidel esbozó una sonrisa forzada.
—Entiendo, Nicolás. Apúrate a procesar este documento, y cuando termines podrás regresar a casa a acompañar a Daniela y al niño.
Nicolás