La mirada de Mauro se volvió sombría. Realmente le gustaba mucho Daniela, pero la actitud de Daniela lo disgustaba enormemente.
En lugar de dejar que Nicolás la tuviera, prefería destruirla con sus propias manos.
—Daniela, ¡entonces no me culpes por ser despiadado! ¡Llévenla!
Con un gesto de Mauro, dos guardaespaldas de negro inmediatamente sujetaron a Daniela para llevársela.
—Mauro, ¡lo que estás haciendo es ilegal!
Mauro sonrió fríamente.
—Tranquila, haré esto sin que nadie se entere. ¡Te har