Los empleados se sorprendieron: —¡Presidente! ¡Señora presidenta!
Daniela, a quien llamaron "señora presidenta", se puso roja como un tomate: —Nicolás, bájame, ¡la gente nos está viendo!
Nicolás, con sus largas piernas, caminó con pasos firmes hacia adentro y sonrió: —Si nos ven, que nos vean. No puedo taparles los ojos.
Cada vez más empleados voltearon a mirar: —¡Buenos días, presidente! ¡Buenos días, señora presidenta!
Daniela se sonrojó y solo pudo esconder su rostro en el pecho de Nicolás pa