—No pierdas el tiempo hablando. Esta noche, personalmente, me traerás los cien millones o mañana tus fotos inundarán toda Nueva Celestia. ¡Te estaré esperando! —Dijo, colgando la llamada.
Mientras sostenía el teléfono, escuchó la voz de Mateo detrás de ella:
—¿Estabas hablando con tu padre adoptivo?
Ella se dio la vuelta. ¿Había escuchado algo?
La mirada de él se posó sobre la caja que tenía en las manos. Su alta figura proyectaba una sombra sobre ella:
—La abuela dijo que él te envió una foto.