Valentina guardó la foto en la caja:
—Abuela, es solo una foto de cuando era pequeña. Salí muy fea, no puedo mostrártela.
Dolores retiró la mano, sonriendo:
—¿Cuándo ha sido fea mi Valentina?
—Eso es imposible —afirmó el mayordomo Fausto.
Ambos eran muy cariñosos con ella. Bajó la mirada y tomó un sorbo del té.
Luego, se volvió a escuchar la voz de la empleada:
—Señorito.
Ella levantó la vista. Mateo había vuelto a casa.
—¿Llegaste? —Sonrió Dolores.
Mateo se quitó el saco del traje y se lo entre