La mujer se marchó frustrada, alejándose con sus tacones altos.
Daniela soltó un bufido de satisfacción.
Nicolás, observándola, curvó sus labios en una sonrisa contenida.
Su risa atrajo la atención de Daniela, cuyos brillantes ojos se posaron en su rostro.
—¿De qué se ríe, señor Duque? —preguntó molesta.
Nicolás la miró.
—Señorita Paredes, ¿no había dicho que no bajaría?
Daniela levantó la barbilla.
—Si no hubiera bajado, ¿habría buscado el señor Duque otra compañía?
Nicolás arqueó una ceja.
—Yo