El hombre se marchó. Luciana, del brazo de Catalina, preguntó: —Mamá, ¿qué secreto tendrá para creer que puede chantajearla?
Catalina sonrió: —No necesitamos preocuparnos por eso. Solo debes saber que ella no es rival para ti. Terminará siendo el juguete de Gonzalo.
Luciana sonrió con malicia. En su opinión, una campesina como ella, solo merecía a alguien como Gonzalo, ¿con qué derecho ocupaba el puesto de señora Figueroa?
—Mamá, eres la mejor. —Elogió.
Los ojos de Catalina brillaron: —Tu padre