La recepcionista sonrió apenada: — Lo siento mucho, nuestro club privado tiene reglas establecidas y debemos seguirlas. Por favor, no nos ponga en una situación difícil.
En ese momento, una voz familiar resonó: — Daniela.
Daniela se dio vuelta y vio a Mauro.
Mauro se había cambiado a una camiseta polo casual para jugar golf y había llegado en su Ferrari.
Mauro miró a Daniela: — Daniela, ¿viniste a buscar al señor Willian? Qué coincidencia, el señor Willian me invitó a jugar golf, pero parece que