Irina miró a Nadia con odio.
—Nadia, ¿estás feliz ahora? Tú me robaste a mi Héctor, me robaste el lugar de señora Celemín. ¡Todo lo que tienes debería ser mío!
Nadia se río con amargura.
—Irina, has perdido la cabeza. Siempre has codiciado al marido de otra y usaste brujería para hacerme daño. ¡Solo estás recibiendo lo que mereces!
Irina se levantó lentamente.
—¿Lo que merezco? ¡Tu propia hija no te quiere! ¡Tu hija prefiere estar conmigo!
Volteó hacia Luciana.
—Luciana, ¿quieres que Nadia sea t