El recepcionista abrió la puerta de la oficina principal y Héctor entró. Nadia estaba sentada en su silla ejecutiva revisando documentos.
—Presidenta, el señor Celemín está aquí —anunció el recepcionista.
Nadia no levantó la mirada mientras firmaba rápidamente los documentos con su pluma.
—Señor Celemín, por favor tome asiento un momento. Terminaré con estos documentos enseguida.
Héctor observó a Nadia. Hoy llevaba una blusa de seda blanca de estilo ejecutivo con una falda negra ajustada. Su cab