Nadia se quedó paralizada.
En ese momento, Héctor retiró su brazo de las manos de Luciana y la regañó severamente:
—Luciana, ¿qué estás haciendo?
Luciana se quedó perpleja.
—Papá, ¿por qué me regañas?
Héctor miró a Nadia.
—¿Sabes quién es ella?
—Ella es solo una mujer que es amante de hombres ricos...
Héctor la reprendió:
—¡Cállate!
Luciana se asustó.
—Papá, ¿qué te pasa? ¿Por qué me gritas?
Héctor dijo:
—Luciana, ¡ella es tu madre, Nadia!
¡Ella es tu madre, Nadia!
Estas palabras estallaron en l