Héctor sostuvo el teléfono.
— Luciana está conmigo. Reservaré un salón privado en el Palacio Dorado para el mediodía. Allí podrás encontrarte con Luciana.
Héctor hizo los arreglos.
Nadia estuvo de acuerdo.
— Bien, nos vemos al mediodía.
En ese momento, se escuchó una voz masculina joven del lado de Nadia.
— Hermosa, ¿adónde vamos ahora?
¿Hermosa?
Héctor frunció el ceño.
— Nadia...
Antes de que pudiera terminar su frase, se oyó un "tut-tut". Nadia había colgado.
Era evidente que, aparte de lo rel