La tensión en el ambiente aumentó de inmediato. El hombre de la cicatriz jamás esperó que Mateo lo golpeara.
Sin embargo, Mateo ahora era su fuente de dinero, así que decidió no empeorar la situación y tragarse su orgullo.
— Señor Figueroa, ¿trajo el dinero que pedí?
Mateo: — Lo traje, completo. Pero quiero un intercambio: dinero por rehenes.
El hombre sonrió: — De acuerdo, intercambiaremos dinero por rehén. Pero solo puedo entregar a una persona.
Mateo entrecerró los ojos, su voz profunda volvi