—Mariana, siempre tan aduladora.
...
Después de despedirse de Joaquín y Mariana, Mateo y Luciana salieron del bar.
—Luciana, haré que alguien te lleve a casa —dijo Mateo.
Luciana alzó su hermoso rostro hacia él: —Mateo, esta noche no quiero ir a casa. Quiero ir a tu mansión.
Luciana había reflexionado y se dio cuenta de que no debía ser tan recatada, ni esperar hasta el matrimonio para intimar con Mateo.
Mateo era un hombre normal, lleno de vigor, y seguramente tenía necesidades. Si esas necesid