—¿Y qué otra cosa esperabas? —replicó Valentina.
La luz suave de la residencia femenina iluminaba su rostro de porcelana, tan delicado que incluso el vello fino de su piel parecía brillar con suavidad. Los hermosos ojos de Mateo se llenaron de una sonrisa.
—Sobre aquella noche, ¿no tienes nada que decir?
Aquella noche...
Valentina llevaba mucho tiempo sin pensar en esa velada. Ahora, al escucharlo mencionarla, volvieron a su mente las dos siluetas entrelazadas.
Una dura, otra suave, fundidas en