Mateo se detuvo.
—Los anticonceptivos están allí adelante. Ve a comprarlos.
Le estaba pidiendo que comprara los preservativos para él.
Si Camila no estuviera en sus manos, ella le habría dicho que se fuera lo más lejos posible.
¡Qué desconsiderado!
Ella se quedó inmóvil. Mateo observó su cara, ahora teñida de un rubor que se extendía hasta sus orejas. Se veía tan inocente y adorable que daban ganas de seguir provocándola.
—¿Por qué te quedas parada? ¿No quieres que tu amiga salga libre?
La estab