Mateo siempre había sido conocido por su fuerza implacable y su ira despiadada que helaba la sangre.
Los guardaespaldas se asustaron.
Los dos jóvenes ricos también quedaron atónitos, pero luego uno gritó, furioso:
—¿Qué están esperando? ¡Atrápenlo!
—Sí, señor.
Los guardaespaldas se lanzaron al ataque.
Cuando Valentina salió del vestuario, vio la batalla intensa frente a ella. Mateo peleaba contra diez hombres a la vez. Los hombres que él golpeaba salían volando contra la barra, haciendo que vari