Valentina apartó la mirada y movió leventemente la cabeza.
—Estoy bien.
Valentina sacó su teléfono y marcó el número de la mansión de los Figueroa.
Dolores, la abuela de Mateo, respondió.
—¡Valentina! Por fin te dignas a llamar a la abuela. ¡Te he extrañado tanto!
Ella levantó la vista hacia la silueta de aquella lujosa camioneta.
—Abuela, esta noche no tengo clases, puedo volver a la mansión y acompañarte a cenar.
—¡Excelente! Justamente Mateo también vendrá esta noche. Te estaré esperando.
—Bi