Valentina había comprobado la temperatura del agua: estaba apenas tibia, para nada caliente.
Sus ojos se fijaron en el rostro de Aitana. —Me estás atacando a través de Camila, ¿verdad?
Ella se encogió de hombros y sonrió con descaro. —Sí.
—¿Te has vuelto loca? —Estalló Daniela. —Valentina siempre te consideró su amiga. ¿Ya olvidaste quién corrió a salvarte cuando Santino quería secuestrarte? Que te hayas convertido en una gran estrella y no nos reconozcas es una cosa, pero pagar el bien con mal.