Cuánta gente hablaría de ella a sus espaldas.
Dana, con su orgullo y arrogancia, era lo que menos podía soportar.
—¡Abuela, papá, mamá, no sé cómo pudo pasar esto! —Exclamó, angustiada.
Sus padres preguntaron, alarmados:
—¿No habrás ofendido a la Doctora Milagro?
Marcela se golpeó el muslo:
—¡Qué desastre! La Doctora Milagro es un genio de la medicina, una personalidad que no podemos permitirnos ofender. ¿Qué vamos a hacer ahora?
Valentina observaba desde una esquina, con mirada fría, cómo toda