Dana sonrió, llena de confianza:
—Abuela, esto es solo el comienzo, llegaré mucho más lejos.
Marcela no podía contener su sonrisa. Siempre supo que su nieta era extraordinaria y que traería gloria a los Méndez.
Sus padres estaban felices, cuanto más destacara su hija, podría aspirar a un mejor matrimonio.
En ese momento, Marcela vio a Valentina y su expresión cambió:
—¿Quién te dio permiso para estar aquí?
Había estado presente desde hace mucho rato, pero la familia, absorta en su alegría, no la