Valentina sintió un zumbido en los oídos. ¿Le ofrecía conseguirle un hombre o incluso dos?
Él había tomado una decisión y eligió a Luciana sin dudarlo.
Sintió como si una cuchilla se le clavara en el corazón, retorciéndose y desgarrándola.
Con los labios temblorosos, logró articular:
—Mateo, yo todavía… soy tu esposa…
Él, con una camisa y pantalón negros impecables, ya no mostraba el desorden de la pasión. Había recuperado su fría y elegante compostura. Le tendió algo: —Esto es una compensació