La recepcionista sintió que en ese momento los matrimonios arreglados entre familias ricas se volvieron realidad frente a sus ojos.
—Señora, disculpe, nunca la había visto antes.
—No hay problema. ¿Ahora puedo subir directo a ver a Luis?
—Señora, la acompaño.
Sara rechazó amablemente.
—No hace falta, sigue trabajando. Yo subo sola a buscar a Luis.
Después de decir eso, Sara tomó el termo y entró al elevador. En poco tiempo llegó al piso dieciséis, ahí estaba el área ejecutiva y también la oficin