Valentina había estado escondida en el rincón todo el tiempo. Al escuchar estas palabras, levantó la cabeza para mirar a Mateo.
Mateo bajó sus ojos apuestos para mirarla también, su mirada oscura y ardiente.
Los dos se miraron a los ojos.
—¿Mateo? Mateo, ¿escuchaste lo que dije? —preguntó Luciana.
—Las cosas del pasado ya las olvidé todas. ¡No las menciones más! —respondió Mateo.
—Mateo, entonces hablemos del presente. ¿Qué tal si voy a tu casa esta noche? —dijo Luciana mientras se ponía de pie.