En realidad, ella confiaba plenamente en Nicolás, pues de otro modo jamás se habría arriesgado a traer a Margot a casa. Aun así, al ver el estado deplorable en que se encontraba Margot, se quedó momentáneamente desconcertada. Era evidente que esta vez Nicolás estaba verdaderamente enfurecido.
Daniela no sentía compasión alguna por Margot. Esto era probablemente el castigo merecido que toda mujer que interfiere en matrimonios ajenos debía enfrentar. Sin embargo, Daniela necesitaba seguir fingiend