Las largas pestañas de Daniela temblaron ligeramente.
—¿Qué término?
—¿No lo sabes? ¿O te haces la que no sabe? —preguntó Nicolás.
El corazón de Daniela dio un vuelco, ya sabía cuál era ese término. Su pequeño rostro del tamaño de la palma de una mano se puso completamente rojo mientras intentaba levantarse.
—¡Profesor Duque, suélteme!
La piel de Daniela era blanca con un toque rosado, extremadamente delicada. Ahora que se había sonrojado, la fina pelusa sobre su rostro se veía aún más cristalin