Luna se despertó lentamente, de la misma manera en que un buzo emerge de aguas profundas: no de golpe, sino en incrementos escalonados; primero la conciencia del peso presionando sobre sus párpados, luego el pitido distante y sordo de una máquina marcando el tiempo en algún lugar cerca de su cabeza y, finalmente, la calidez de una mano envuelta alrededor de la suya, sólida, real y aún allí.
Parpadeó contra la pálida luz matutina que se filtraba a través de las persianas, con la vista nublada an