La Dra. Ibarra abrió la carpeta con manos que no lograban estar del todo firmes, y durante un largo momento simplemente contempló los papeles en su interior, como si leerlos pudiera posponer lo inevitable unos segundos más. Cuando finalmente levantó la vista, cualquier compostura que hubiera llevado a la habitación se había disuelto por completo, reemplazada por el miedo particular y vacío de una mujer que comprendía que tenía mucho más que perder que cualquiera de las dos personas sentadas fre