Tras el hackeo de la red interna de la mansión, cada empleado, cada guardia y cada sombra en los pasillos era un sospechoso.
Iván sabía que no podían permitirse ni un solo error de cálculo, con la información del contrato comprometida, la única defensa que les quedaba era que la farsa fuera tan convincente, tan absoluta, que cualquier filtración pareciera un intento desesperado de difamación por parte de sus enemigos.
— Faltan cinco días para la audiencia — declaró Iván a la mañana siguiente. E