Mundo ficciónIniciar sesiónHarold corrió con Yoli abrazada y yo les cubrí la espalda. Gracias a Dios no sucedió nada y parece que las bajas que hicimos a los malos ya las limpiaron, al llegar la pequeña saltó a los brazos de su madre quien lloraba como Magdalena.
Yo tomé del brazo a Harold después de saludar a los señores Sherman y a los presentes, lo llevé a la salita que es mi consultorio y lo hice sentar.
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