7 La Gala En El Yate

El yate The Miller’s Legacy cortaba las aguas negras de la bahía de Miami como una cuchilla de marfil.

Para el resto del mundo, aquella embarcación era el epítome del éxito, para Helena, era otra prisión flotante de tres cubiertas.

Magnus la había obligado a asistir, ignorando sus súplicas de quedarse en la mansión tras el encierro.

Pero no lo hacía por compañía, sino para exhibirla. Al llegar al salón principal, bajo lámparas de cristal de Murano que vibraban con el motor, Magnus tomó el micrófono frente a una multitud de senadores e inversionistas.

— Señores, mi esposa Helena es el corazón de mi nueva visión — anunció Magnus, rodeando la cintura de ella con una presión que le recordaba que no podía huir —  Por eso, anuncio una donación de cincuenta millones de dólares a la Fundación Miller bajo su nombre.

Helena forzó una sonrisa mientras los flashes la cegaban.

Comprendió el juego, Magnus estaba usando su imagen para limpiar el rastro de sus turbios movimientos de capital. Ella era el detergente de su corrupción.

En una esquina de la cubierta, Brooke, la hermana adoptada de los Miller observaba la escena con odio.

No se tragaba el papel de santa de Helena, había estado ausente de casa los últimos días pero no necesitó nada más que verla para formarse una idea equivocadamente injusta sobre ella.

— Dime que tienes algo — susurró Brooke a su investigador privado.

— Ha estado visitando el Mercy Hospital en secreto — informó el hombre — Entra por la puerta de carga. No hay registros oficiales.

— Un amante… — siseó Brooke con una sonrisa triunfal — Sigue vigilando. ¡Quiero el nombre del hombre que la hace arriesgarse así!

Mientras la fiesta bullía en la superficie, en la suite de comunicaciones del yate, Alexander se movía en las sombras.

Había aprovechado el discurso de su padre para escabullirse. Alex no creía en las casualidades y la generosidad de Magnus con la salud de la madre de Helena, todo eso le escocía en las entrañas.

Se sentó frente a una terminal conectada a los servidores centrales de la Mansión Miller y sus dedos volaron sobre el teclado, vulnerando los protocolos de seguridad de los archivos privados de su padre.

Tras varios minutos de tensión, una carpeta marcada como "proyecto H.W.. - contingencias" se abrió en la pantalla.

El corazón de Alex dio un vuelco. Allí estaba el historial médico detallado de la madre de Helena.

Pero no eran facturas de cirugía. Era un certificado de defunción emitido ese mismo día por la mañana, junto a una orden de pago firmada por Magnus para refrigeración y custodia privada en una morgue externa, lejos del hospital Mercy.

— ¡Hijo de puta! — mascó Alex, sus nudillos se tornaron blancos — El desgraciado la dejó morir y tiene a Helena arrastrándose a sus pies con la esperanza viva, ¡Mal nacido!

Alex cerró la sesión de golpe mientras el descubrimiento lo quemaba por dentro. Magnus no solo la estaba manipulando, la estaba destruyendo psicológicamente con una esperanza muerta.

Por un segundo, Alex pensó en subir y decírselo, en liberarla del yugo de la mentira, pero su propio instinto de posesión lo frenó.

Si Helena sabía que su madre estaba muerta, su razón para ser la propiedad de los Miller se evaporaría. Era imperante que ella siguiera necesitándolo a él como su único escape.

Guardó el secreto en lo más profundo de su ser y regresó a la cubierta principal, justo cuando el yate se adentraba en mar abierto.

El balanceo comenzó a hacerse pronunciado. Helena sintió que el suelo se volvía elástico. El estrés, el asco por Magnus y la falta de noticias se confabularon en su estómago.

Desde la barra, Alex la observaba. Notó su palidez cadavérica y cómo sus dedos se aferraban a la barandilla de caoba.

Magnus, ajeno al malestar de su esposa, volvió a levantar su copa de champán.

— ¡Por Helena! ¡Mi esposa, mi legado y mi futuro!

El mundo de Helena empezó a girar violentamente. Las luces se convirtieron en manchas borrosas. Trató de enfocar la vista en la multitud para no caer, y fue entonces cuando lo vio.

Entre el personal, junto a la puerta de la cabina, estaba él.

Daniel Morgan. Su ex.

El hombre que la había abandonado cuando ella más lo necesitaba. El hombre que conocía su pasado y que ahora la miraba con una mezcla de dolor y furia desde su uniforme de guardia.

El choque emocional fue el golpe de gracia. El aire abandonó los pulmones de Helena y sus piernas cedieron.

— ¡Helena! — el grito de Magnus fue de indignación, no de preocupación. Su trofeo estaba fallando en público.

Pero antes de que ella golpeara la cubierta, unos brazos poderosos la sujetaron. Alexander la atrapó en un movimiento felino, sosteniéndola contra su pecho frente a la mirada atónita de los invitados y la furia contenida de su padre.

Helena se desvaneció en el calor de Alex mientras, a lo lejos, la mirada de Daniel seguía clavada en ellos como un puñal, reconociendo al hombre que sostenía a "su" Helena.

Alex apretó el cuerpo inerte de la mujer contra sí, mirando a Magnus con un desafío silencioso. Ahora él tenía la verdad sobre su madre y el cuerpo de Helena en sus brazos. La guerra por el legado Miller acababa de volverse personal.

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