Perspectiva de Arielle
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No sé cuántas copas llevo encima. Quizá tres. O cinco. Tal vez una sola, pero estoy segura de que mis mejillas están coloradas y no puedo atribuirlo al licor.
Sino a su presencia, que me inunda como si fuera un veneno lento y delicioso. Mientras siento el calor expandiéndose por todo mi cuerpo al tiempo que Cassian me está mirando. Otra vez.
Sus ojos oscuros me perforan, me desnudan sin necesidad de tocarme. Son como manos invisibles que recorren mi piel, que la acaricia