Observo una vez más el tramo de piel expuesta que dejan ver los dos botones abiertos de su camisa, mis manos tiemblan cuando empieza a desabrochar los demás. Porque lo que dijo es cierto, desde que lo vi en la alberca tengo el m*ldito deseo de sentir su piel marcada, de acariciar cada uno de sus músculos firmes.
«¿A quién engaño? esos pensamientos los tengo desde antes»
Uno a uno, los botones ceden bajo mi tacto, revelando su pecho firme, sus músculos tensos, la piel cálida que he imaginado má