La puerta se cierra detrás de nosotros con un sonido sordo, como el eco de una decisión que no tiene vuelta atrás.
La elevo del suelo y sus piernas de inmediato rodean mi cintura, al tiempo que su vestido se eleva alimentando el deseo primitivo que corre por mi sangre. Sus brazos esbeltos están alrededor de mi cuello, mientras sus dedos se entierran en mi cabello.
Sonrío contra su boca, porque sé que en este punto ella ya no está pensando. Ninguno de los dos lo está.
Mis manos se deslizan por su