Despierto envuelta en el calor de su cuerpo, en el olor limpio de su piel mezclado con el mío. La luz se cuela por las cortinas y tiñe la habitación de un tono dorado suave. Me doy cuenta de que no sé qué hora es, y tampoco me importa. Lo único que tengo claro es que sigo desnuda, pegada a Edward, con su brazo fuerte cruzado sobre mi cintura, como si incluso dormido no pudiera dejar de poseerme.
Me giro lentamente, con una sonrisa perezosa, y lo miro. Su rostro parece menos severo así, con los p