El dolor de Nikolai no fue inmediato.
No gritó después del sepelio, bo golpeó paredes, no buscó culpables, ni levantó la voz para exigir respuestas que nadie podía darle.
Simplemente, dejó de estar.
Los días siguientes se movía como una sombra dentro de la mansión Volkov. Caminaba por los pasillos sin rumbo fijo, como si no reconociera del todo el lugar que durante años había sido su hogar. Comía porque alguien insistía, dormía porque el cuerpo colapsaba, respondía con monosílabos, con la mi