El segundo disparo fue más cercano. Demasiado.
El impacto hizo estallar el cristal de un escaparate a pocos metros, y los fragmentos llovieron como cuchillas sobre la acera. El sonido fue seco, brutal, seguido por los gritos ahogados de quienes aún no comprendían qué estaba ocurriendo.
Lía apenas alcanzó a cubrirse la cabeza cuando Josué la empujó con el cuerpo entero, cayendo sobre ella para protegerla. El golpe contra el suelo le arrancó el aire de los pulmones, pero no se apartó. No dudó. Su