Capítulo 26: Una Guerra Perdida

Leo levantó la vista y el cansancio fue más evidente, Lía se sintió terrible. Se notaba el cansancio del hombre, efectivamente él había estado ahí desde la mañana y ella tomó el turno del medio día.

—Hola —Leo sonrió ocultando el cansancio— No sabía a qué hora llegabas y no quería irme sin verte, así que esperé.

—¿Te sientes mal?

Esa preocupación genuina hicieron que sus ojos se iluminaran algo emocionados, pero finalmente negó con la cabeza.

—No, no… estoy bien —se apresuró a decir—. No vine por eso.

Lía no se lo creyó del todo, pero lo escuchó.

—Entonces, ¿qué haces aquí?

Leo dudó. Se pasó una mano por la nuca, incómodo, y suspiró.

—Quería asegurarme de que no te metí en problemas —confesó—. Lo del restaurante… no fue mi intención. Si causé algún conflicto, lo siento mucho.

Algo en el pecho de Lía se apretó con ternura. Era increíble cómo un hombre podía cargar tanta culpa sin haber hecho absolutamente nada malo.

—Leo… —sonrió con suavidad—. No me causaste ningún problema, de verda
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