Cuatro días...
Cuatro días de silencios tensos, miradas esquivas y una cama compartida que se sentía más grande y más fría de lo que realmente era. Cuatro noches en las que Lía dormía de espaldas, con el cuerpo rígido, como si la cercanía de Adrik fuera una frontera que no estaba dispuesta a cruzar.
Lía estaba enojada, no molesta ni incómoda. Enojada de verdad y Adrik Volkov estaba pagando cada segundo de eso.
No era un castigo planeado, ni una estrategia. Era simple. No podía mirarlo sin recor