El día avanzó como una marcha fúnebre para el General Superior. Desde su oficina al otro lado del corredor, Camilo mantuvo la vista fija en la imponente puerta doble del despacho presidencial. Al principio, asumió que Megan simplemente se había retrasado debido a las revisiones médicas de rutina tras el atentado en el acueducto. Sin embargo, las manecillas del reloj marcaron las doce, luego las dos, y la oficina de la gobernadora seguía sumergida en una penumbra desértica.
Para un estratega mil