—Señor alcalde, ¿para qué busca a Larisa?
Faustino metió casi cien dólares en el bolsillo de Larisa y le preguntó a Federico.
—Ah, nada, nada. Es que llegaron visitas a casa y quería que Larisa volviera pronto a recibirlas.
—Ya que Larisa está ayudándome, mejor que vuelva más tarde.
—Sigan, sigan con lo suyo. Tengo asuntos que atender, ¡me voy!
Federico cambió su expresión de inmediato, sonriendo ampliamente, y se fue apresurado.
—Faustino, ¿por qué me das dinero? Te lo has ganado con tu esfuerz