Si hubiera sido otra mujer, al saber el precio del collar de esmeraldas, ya lo habría aceptado encantada. Pero Lara se negaba a aceptarlo.
—Eres una tonta, soy tu hombre, ¿por qué no quieres lo que te regalo tu hombre?
—¡Si no lo aceptas, te voy a hacer el amor hasta que te duermas! —Faustino le dio una palmada a Lara en el trasero amenazándola. Al instante, se formaron ciertas ondulaciones como las del agua.
—Ah, Faustino, ¡lo único que no lamento en mi vida es estar contigo!
—¡Hazme el amor ha